AbracaAdabrá.Ediciones

יום שלישי, 19 באוקטובר 2021

del ser concientes las ideas, y portadoras de voluntad y deseo

 

Si te digo que a las diez de la mañana vino un elefante y dijo buenas noches, ¿qué es lo raro? Sin duda, lo verdaderamente raro es que un elefante hable. Y sin embargo, lo primero que te va a chocar es que diga buenas noches a las diez de la mañana. En todo caso, a metáforas y alegorías de seres que no son hablantes, y hablan, estamos acostumbrados. La paradoja del buenas noches de mañana no era la historia: el elefante que habla lo era.

Lo mismo pasa con la historia que tenemos al inicio del Zohar, que nos cuenta que el Creador se disponía a crear todo, y vinieron en orden inverso todas las letras del AlefBét, cada una a pedir que con ella fuera creada la creación. Que usándola a ella, con su forma, su sonido, su sentido, empiece la Torah y la creación fundacional. Cuenta el midrásh que cada letra trajo su alegato, y cada una recibió un argumento invalidante, en forma de algo decible que empieza por ella. 

Solemos enseñar este relato como una metáfora, como una alegoría. Lo enseñamos para llegar a explicar que el mundo se va a crear finalmente con la letra "bet" ב, por la dualidad representada en su valor numérico 2, por ser la primera letra de "brajah" ברכה, que es bendición, y por tanto más. De pronto, me di cuenta de algo completamente obvio. No, no se trata de una metáfora ni de ninguna alegoría (¿por qué nos apresuramos a enajenar de nosotros el peligro de la literalidad, diciendo rapidito que lo es?). Es literal, tal como lo contamos. Lo que esta historia viene a contar, en realidad -hablando de elefantes- es que las letras hablan. Las letras tienen conciencia y autoconciencia, piensan, dicen, desean, eligen, se manifiestan. De algún modo, en su realidad, las letras, entre todas las ideas que así, actúan. Rúmialo un instante antes de seguir adelante: letras, ideas, concientes. Ideas que anhelan manifestarse, y que de algún modo eligen hacerlo, y cómo.


Ideas industriales y Ideas de artista. Ideas comunes al rebaño. Ideas del individuo valiente.

Fíjate. Si yo digo que toda idea es conciente a un nivel u otro de conciencia y tiene voluntad, entonces, cada vez que yo pienso una idea, lo que estoy haciendo es revelando, habilitando una conciencia en este mundo. Si pienso una idea que todo el mundo piensa -digamos, la idea de silla-, voy a producir una variación mínima en el mapa presente de conciencia global; porque la idea de silla está ahíta de conciencia, rebosa conciencia, porque todo el mundo la piensa, la hace conciente, muchas veces cada día. Si yo pienso la idea de Eudaimonia, la felicidad plena de la Grecia antingua, esa idea que seguramente no está siendo pensada con gran frecuencia ni por mucha gente, la cantidad de conciencia que yo sumo a esa idea cambia notoriamente el mapa de las conciencias, el dibujo de las luces encendidas todas. Ni hablar si pienso una idea que nadie ha pensado, o si pienso una idea que en muchos kilómetros a la redonda, o en muchísimos años, no se ha pensado. Creo que mi pensar esa idea, estar trayendo esa idea a la conciencia, se parece un poco a la idea de minar cryptomonedas. Porque es como la idea, antes de que yo la piense, está en estado latente, en el mar de lo posible; como las monedas crypto que ya están previstas, programadas, en el algoritmo de la cadena de bloques: hay por ejemplo un número máximo de Bitcoins posibles, y para que se manifiesten en la realidad hay que minarlos, algo que se hace por medio de complejas operaciones computacionales que son, esencialmente, pensamiento. Y las ideas, acaso, responden al mismo paradigma: una buena definición del cometido de la vida humana, es que: Venimos a minar ideas.

Entonces, cosas como שויתי י-הוה לנגדי תמיד "Tengo (la palabra "shivíti" sale de la raíz de שוה, igual en cantidad, de modo que es "en igualdad", en simetría, a la altura de mis ojos) Hashém frente-contra mí siempre" adquieren un sentido claro e inmediato, en términos de que si tengo a Hashém presente, conciente en frente de mis ojos, a modo de guardián de mi sistema cognitivo, entonces va a suceder que voy a pensar en lo Divino, voy a pensar divinidad. Y cuando pienso divinidad, estoy cumpliendo el verso que indica תנו עז לא-להים "dad vigor a E-lohím", porque estoy incrementando la conciencia de divinidad que está manifiesta en la Conciencia total, estoy incrementando la conciencia de lo divino, hasta que se cumple lo que anuncia el profeta: ומלאה הארץ דעה את י-הוה "y se llena la tierra de conocimiento-conciencia de Hashém". Es genial, porque lo que expandimos es conciencia, y así damos fuerza a esa idea, que es la idea más grande de todas, porque es la Idea de todas las ideas. Aquí empieza a tener sentido todo, porque todas las ideas están bajo, o dentro, de la Idea de todas las ideas. 


En cuanto a la idolatría:

Entonces, por ejemplo, cuando yo cometo idolatría, cuando espero salvación de cualquier procedencia que no pasa por el Creador Uno, ante todo estoy haciendo una tontería, porque toda idea, toda conciencia, toda fuerza, tiene lugar en Hashém, y no hay de verdad atajos. Es como si voy al palacio del rey y le ordeno a uno de los lacayos que me sirva. Puede que me oiga indiferente -o por alguna razón ni siquiera me oiga- y siga su camino. Puede que sea leal al rey y me delate. Puede que el lacayo no sea leal, y que entonces no sólo clandestinamente me sirva, sino que use en mi beneficio de las bondades de palacio y del tesoro del rey, en cuyo último caso voy a tener por un rato una sensación de victoria, de bendición, hasta puedo autosugestionarme y creer que en realidad es perfectamente correcto, y hasta el rey está de acuerdo. Entretanto, en la conciencia de ese lacayo despierta la sensación engañosa de ser él mismo mucho más importante, poderoso, hábil, ingenioso, de lo que es en realidad, lo que altera y enturbia los órdenes de las conciencias todas. Mas la verdad es que el rey tiene cámaras y micrófonos en todo el palacio, y sabe todo lo que ocurre dentro de él y también fuera, y acaso, en su poder y majestad, tiene ya decidido qué día pondrá al atrevido al desnudo y le colgará en la explanada de palacio junto con el lacayo necio.


Ahora podemos entender de modo mucho más claro y sencillo el concepto de "Davár" דבר, de Logos que es la palabra y la cosa a una vez. Porque la letra misma es conciencia. Al decir de Borges en El Golem: "que en las letras de rosa está la rosa, y todo el Nilo en la palabra Nilo". Porque en la dimensión en que yo soy sutil a nivel de letras, en la sustancia-conciencia más íntima del ADN que me describe, seguramente beber dos letras H y una O me hidrate cuanto necesito, en tanto la palabra "agua" sacie mi sensación de sed y ponga gratitud en mi conciencia presente. 


Todo lo demás empieza a acomodarse en su sitio de modo sorprendentemente sencillo. Fíjate. Tú piensas una idea. Aumentas el nivel de conciencia de esa idea que hay en el mundo. Tú dices esa idea: incrementas mucho más el nivel de conciencia de esa idea que hay en el mundo, porque la evidencias. Tú haces esa idea, la llevas a la práctica. Incrementas muchísimo más el nivel de conciencia de esa idea, y en esa conciencia, su nivel de especificidad, de detalle. Porque en el pensamiento de la idea las variaciones no pueden ser muchas (la idea de la letra bet ב, por ejemplo: es la letra, nada más); en su pronunciación, sintaxis, composición, las posibilidades ya son muchas; y cuando llego a la práctica de la letra bet, hay infinidad de modos en que la voy a poder representar en forma, en símbolo, en acción de este mundo. Cada vez más intenso y más específico. Y todo va en ese orden: del pensamiento, al habla, a la acción.

En el pensamiento está la intención que va a adoptar la conciencia de la idea, la "kavanah" כַּוָּנָה. Si yo no pienso la cosa, lo que diga o lo que haga no va a responder a la idea que no estoy pensando en presente.

Digamos: el tipo está con un libro de rezos en sus manos, y lee de él en voz alta, mecánicamente. Mientras, en realidad, su pensamiento está cautivo en el saldo de su cuenta bancaria o en cualquier otra cosa. No está realmente presente en la plegaria que pronuncia. ¿Por qué dictamina la halajah que la plegaria sin kavanah, sin intención conciente plena, es abominable, "to'evah" תּוֹעֵבָה? ¿Por qué la equipara a idolatría, a culto extraño? Porque quien pronuncia plegaria sin estar presente en ella, es como que toma palabras que remiten a una idea en particular, y es como que las estoy prostituyendo, porque en mi propia conciencia las estoy asociando a ideas mucho más bajas, estoy causando desorden, caos, escapes, estoy causando bits erróneos en la comunicación, estoy provocando ruidos en la línea y mutaciones no deseadas en esas ideas a las que formalmente me estoy apegando cuando rezo, pero que no están realmente presentes en mi conciencia, que yo no estoy plenamente presente en ellas.


Así también la idea de resonancia, de vibración, se entiende mucho más fácil ahora. Porque la idea es conciente y tiene voluntad. Es como que, cuando yo pienso una idea, le hago cosquillas, a esa idea que tiene existencia y se revela, se manifiesta en mí. La estimulo. Y al yo estimularla, la idea vibra. Es exactamente la idea de las cuerdas en física cuántica. Yo taño las cuerdas de una idea al pensarla, al decirla, al hacerla. La hago vibrar, la hago sonar. Esa idea resuena en todo un camino de analogías que se estiran en la conciencia igual que en el espacio y en el tiempo. Es evidente hasta casi el dolor: si he pensado en comprar un coche verde, empiezo a ver coches verdes por todos lados. Porque estoy llamando a los coches verdes a mi atención. Y cuanto más intensamente pienso en coches verdes, más van a resaltar a mis ojos todos los coches verdes que me pasen cerca.

Y entonces, "Las Ruinas Circulares" de Borges. La aventura fascinante de soñar un hombre hasta en sus mínimos detalles, y estar creándolo en la conciencia. Borges piensa un personaje y le da así existencia, y su personaje sueña un personaje, una criatura nueva, y le da existencia así, no física sino en pura conciencia, y es existencia real. Como en "Las Espaldas del Creador" entre Faisán y José: al pensar intensamente un personaje, inevitablemente lo hago manifestarse en la realidad, a incidir en ella, al menos desde el modo en que la conciencia de sí me afecta a mí en mi propia manifestación en mi mundo.  

Y si me pongo a pensar, a soñar, ¿qué personaje voy a crear, más allá de qué personaje me proponga crear? Ha de ser al modo en que está descripto que Hashém creó al hombre: "hagamos Adám con nuestro tsélem y de acuerdo a nuestra apariencia". El hombre que yo puedo soñar es el que veo en el espejo. El hombre que yo puedo crear es el hombre que yo veo en el espejo. Y el hombre que veo en el espejo es el que elijo imaginar, de modo más completo y perfecto cuanto con más tenacidad lo piense, lo diga, lo haga.


Abrá caAdabrá אברא כאדברא: Cuando hablo, despierto la conciencia de las letras, llamo a las letras a manifestar su esencia en mi mundo, en el mundo que escucha mi voz. Cuando hablo, estoy creando literalmente, porque traigo a manifestación el poder creativo de las palabras que digo, y de las letras que las constituyen.


Movimiento continuo vs Sucesión de pasos

Movimiento continuo es shalóm, completitud armónica, en un único "paso" perpetuo. Es el re-Uno en armonía perpetua.

La sucesión de pasos tiene lugar en el tiempo, en el quebranto (la división del tiempo hasta el infinitésimo del segundo); en la multiplicidad densa, opaca, oscura.

Siguiendo a Aristóteles, "todo objeto tiene su propio lugar, y si lo mueves de él, hará lo posible por regresar", que es decir por recuperar el statu quo y la inacción. Y cuando tú piensas la cosa, y la dices, y luego la afectas físicamente de algún modo, estás enardeciendo montones de conciencia activa que viene a manifestación en tropel, y el mundo todo, la realidad, se vuelve mucho más bella, compleja, fructífera.


"Todo cuerpo suspendido en el espacio permanece inmóvil hasta que toma conciencia de la situación": ésta es la Primera Ley de la Física en las películas de dibujos animados, según @jctrujillog en youtube. El pájaro loco huyendo del coyote, ¿recuerdas? Corre y corre y se le termina la meseta y sigue corriendo por encima del abismo a la misma altura que antes. Hasta que mira abajo. Entonces se cae, y es inevitable. Cae porque se ve caer. Cae porque se ve en una situación en la que se espera de él que caiga, y no sabe no elegir vivirla de un modo distinto a ese que se espera de él. Es así, terrible y maravillosamente, lo que pasa de verdad.

  


 

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